Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Angel Pichardo Reyes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Angel Pichardo Reyes. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de abril de 2020

Potencia orgásmica y pulsión de muerte


Potencia orgásmica y pulsión de muerte
Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

Del mal-estar freudiano al mal-estar reichiano

La interpretación lacaniana que realiza Slavoj Zizek sobre “El malestar en la cultura” de Sigmund Freud, plantea que este mal-estar, es realmente un mal-del-ser; el núcleo ausente y traumático de la ontología. Sin embargo, más allá de esta visión hegeliana, podemos oponer la visión dialéctica y materialista de Wilhelm Reich, donde ese mal-estar, antes de tratarse de un cogito, se expresa como un mal-estar-en-el-cuerpo.

Efectivamente, como bien menciona Freud, el malestar “en” la cultura se revela reichianamente en un mal-estar-en-el-cuerpo. La existencia del Ser solo es posible por la realidad sintiente del cuerpo, encarnación del Ser en tanto temporalidad finita. Wilhelm Reich propondrá un revés del inconsciente cuando en su “Psicoanálisis y materialismo histórico” denuncia la metafísica burguesa del psicoanálisis. Reich buscará darle un sustento materialista al psicoanálisis, y este no puede ser otro que la fuerza de trabajo viviente marxista: el cuerpo pulsante.

Cabría mencionar que dicho materialismo no es el de la prevalencia de la materia sobre el espíritu, ni siquiera la negación del espíritu, sino el principio ético-material del cuerpo pulsante como fundamento vital de la realidad humana. Reich es éticamente materialista en tanto que afirma la positividad de la vida como potencia de la sociedad. Desde esta perspectiva, la denuncia de la negatividad material del cuerpo, esto es, la represión sexual, nos lleva a replantear el “malestar en la cultura” como un modo de producción cultural que niega la positividad del cuerpo, esto es, que antepone la Idea y el Absoluto hegeliano frente a la experiencia sensible del cuerpo pulsante, viviente y potencialmente orgásmico.

El cuerpo se revela éticamente como el objeto de opresión de la Idea, un atentado idealista de la vida, negadora de su voluptuosidad vitalista que se expresa de forma poéticamente violenta en el orgasmo sexual. El mal-del-ser lacaniano es realmente el mal-del-estar reichiano que reivindica la materialidad sintiente frente al cogito cartesiano, de donde abreva Jacques Lacan.

La entrada en escena del cuerpo en el corpus psicoanalítico no tendrá una buena recepción por parte de Sigmund Freud, quién en “Mas allá del principio del placer” apuntalará una supuesta “pulsión de muerte”, la cual será denunciada por Reich como una confirmación de una política conservadora y fascista en el seno del propio psicoanálisis. Quizás en la posición reichiana en contra de dicha pulsión se pueda determinar una posición política e ideológica, puesto que dicho planteamiento llevará a Freud a “tolerar” una serie de planteamientos políticos que se revelan como profundamente conservadores, sino es que fascistas y anti-revolucionarios.

El antagonismo conservador-revolucionario: Reagan contra Osho

Reich establecerá un antagonismo entre su propia versión materialista y dialéctica del psicoanálisis, como un freudomarxismo, a partir de la lucha teórica en contra de la “pulsión de muerte”, a la cual opondrá su tan reconocida “potencia orgásmica”. Las posiciones conservadoras y revolucionarias tendrán su antagonismo en la afirmación o negación de estos opuestos. Legitimar la decadencia sexual por una supuesta “pulsión de muerte” que opera biológica y metafísicamente en la historia, o la inmanente “potencia orgásmica” capaz de liberar al ser humano de esas “pulsiones de muerte” que someten al ser humano a la represión derivada del “mal-estar-en-la-cultura”.

Extrañamente, después de la muerte de Wilhelm Reich se inicia el movimiento contracultural en EE.UU. de donde emerge un movimiento feminista y hippie que plantea la liberación sexual y femenina a través de la experimentación libre del orgasmo. Este planteamiento, ajeno a cualquier revolución socialista, llegará a su clímax en el movimiento setentero de Bhagwan Shree Rajneesh, mejor conocido como Osho.

El movimiento neo-tántrico de Osho llevo el escándalo del orgasmo, la desnudez y la catarsis al seno mismo del conservadurismo mundial, pues será uno de los principales objetivos de las políticas conservadoras de Ronald Reagan. El antagonismo de Osho con Reagan se presentifica como el antagonismo entre la “pulsión de muerte” de Freud y la “potencia orgásmica” de Reich. No cabe duda que esta batalla fue ganada por el conservadurismo republicano que llevaría el neoliberalismo al mundo, la guerra contra Irak y Afganistán, así como a Trump a la presidencia.

La evidencia de este conservadurismo psicoanalítico emerge como síntoma-fantasma en las recientes reivindicaciones políticas de los neomarxistas tipo Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, o los lacanianos de izquierda, desde Slavoj Zizek hasta Ricardo Aleman. El tema es que desde el seno mismo de los disidentes freudianos, como los lacanianos, surge otra disidencia izquierdista dentro de los mismos lacanianos (una especie de dialéctica de la negación de la negación hegeliana). Esto no hace sino confirmar la apreciación reichiana sobre el conservadurismo de Freud y de los freudianos, tan bien expuesto por Michael Onfray en “Freud, el crepúsculo de un ídolo”.

La visibilización del conservadurismo fascista de Freud no trae buena prensa a los psicoanalistas. El mismísimo Reich fue víctima de dicho conservadurismo, no solo en la persona de Ernest Jones, sino de toda la Sociedad Psicoanalítica Americana, al acusar a Reich y apoyar a la FDA en su cacería de brujas en la época del macartismo. De forma muy clara, el caso de Wilhelm Reich expone al movimiento hegemónico del psicoanálisis norteamericano como profundamente conservador, autoritario y capitalista.

No hubo mejor opositor al conservadurismo psicoanalítico que la persona misma de Wilhelm Reich, y no ha existido un planteamiento originalmente izquierdista, socialista y marxista que el desarrollado en la época de la Economía Sexual y la SexPol. Quizá sea momento de regresar al Reich freudomarxista para reivindicar la “potencia orgásmica” como la vacuna contra el conservadurismo posfreudiano de la “pulsión de muerte”.

La “potencia orgásmica” reichiana reivindica a un sujeto en su capacidad hedonista de gozar-del-ser anteponiéndolo al mal-estar-del-ser. Mientras la postura freudiana de la “pulsión de muerte” justifica un orden social represivo y autoritario expresado en el deber-ser, el slogan reichiano subvierte el orden moral que sostiene el sistema capitalista, anteponiendo una moral otra que reivindica el gozo-del-ser como capacidad autogestiva del propio cuerpo.

Las subversión onanista del Otro

El gozo-del-ser supone la emancipación de la moral sexual religiosa, que efectivamente, prohíbe, condena y castiga esta posibilidad hedonista. El pecado de dicho acto es su semejanza con el onanismo, una especie de masturbación del ser. Esta sola posibilidad resulta altamente alarmante pues supondría la autonomía del cuerpo en tanto realidad sintiente autoerótica, una especie de autocontención erótica que priva de la necesidad del Otro.

En este sentido el onanismo subvierte el orden simbólico del Otro, pues el acto hedonista del gozo-del-ser se substrae a la dependencia del Otro. Y no es que no exista el Otro, o que se sepa que no existe, peor aún; “no necesito al Otro”, me soy suficiente a mi mismo/a. Este es el auténtico pecado onanista, la autosuficiencia. Esto puede ser esclarecido por la teología dogmática medieval. Los cristianos tenían dos grandes oponentes: los infieles y los herejes. El pecado más grande eran los herejes, pues estos surgían de las mismas filas de los fieles católicos. El hereje era una persona que no se sometía a los dictados de la Iglesia, y entonces tomaba su propio camino (este es el significado etimológico de herejía). Una forma de desprecio de la autoridad que ponía en suspenso la legitimidad del poder de la Iglesia.

El onanista es un hereje en el sentido de que no se somete al Otro, sino que tomando su propio camino desprecia al Otro en su acto hedonista de brindarse placer en su existencia sintiente. Dicho de otro modo, el sujeto hedonista que goza-del-ser es un sujeto de la potencia, de la plenitud autosatisfactoria, de un gozo ensimismado que atenta en contra de la sociabilidad de la obediencia al Otro.

Por el contrario, el sujeto de la falta, barrado por el lenguaje, sujeto-del-lenguaje, se encuentra sometido al Otro por el orden simbólico. Se trata un sujeto de la impotencia orgásmica, un sujeto sujetado al “deber-ser”, disminuido en su pulsación excitatoria por la castración simbólica del Nombre-del-Padre. El centro ausente de la ontología del sujeto es el postulado por el Freud de la “pulsión de muerte”.

En este sentido podemos distinguir un antagonismo ontológico por dos posturas sobre el sujeto: el de la falta y el de la potencia. En un lado el conservadurismo autoritario y fascista del sujeto en su falta-en-ser, y por el otro lado la postura revolucionaria, democrática y vitalista del sujeto en su potencia orgásmica que “goza-del-ser”.

El ateísmo materialista del Otro

Ahora bien, el sujeto de la potencia orgásmica que goza-del-ser no es un sujeto solipsista, antes bien su inherente hedonismo lo lleva más allá de la piel para encontrarse con el otro y no con el Otro. El encuentro piel-a-piel antepone la relación con el otro como un modo de inversión de la energía libidinal. Esta heteronomía libidinal supone un sujeto de la inmanencia del encuentro material con el otro, antes que de una metafísica del Otro. Podríamos decir que el sujeto de la potencia orgásmica en este encuentro piel-a-piel con el otro es fundamentalmente ateo, en el sentido de que es apático al Otro, o antes bien, desconoce al Otro como un vinculo legítimo para el goce-del-ser.

El Otro se revela como un obstáculo para este goce-del-ser, pues éste exige el sacrificio del goce como condición de existencia en el marco de la elección divina, de lo contrario esto supondría la exclusión del amor divino. En este sentido, el ateísmo del sujeto del orgasmo se manifiesta como un desinterés hacia ese vínculo trascendental, optando por el encuentro piel-a-piel con el otro que también se manifiesta en su potencia orgásmica inmanente. Podríamos decir que se trata de un ateísmo metafísico de Otro, para afirmar la inmanencia de la vida que pulsiona a través de la potencia orgásmica en el encuentro horizontal piel-a-piel con el otro.

Sin embargo no nos encontramos con la dicotomía ateísmo materialista versus teísmo metafísico. Muy por el contrario, el sujeto capaz de gozar-del-ser encuentra su asidero en el planteamiento místico del tántrika, pues se trata de una práctica del encuentro con la divinidad desde el piel-a-piel con el otro. Es en esa inmanencia material, en esa unión orgásmica de fusión de los cuerpos deseantes donde se accede a la trascendencia de Shiva y Shakti.

Sabemos que Osho fue uno de los personajes más controvertidos del movimiento New Age y de la contracultura, y fue el quien popularizo el neo-tantra en Occidente. Mientras que la administración conservadora de Ronald Reagan propugnaba por la abstinencia sexual, en el lado opuesto estaba Osho con su equipo facilitando catarsis neo-tántricas desnudos. El despliegue político, mediático y jurídico liderado por el FBI contra Osho se encontraba en parte motivado por verse amenazados lo intereses de grupos conservadores y evangélicos.


Contrario a la visión conservadora de una cruzada contra el ateísmo materialista marxista-leninista iniciado en la época de macartur, la cruzada de Reagan fue en contra del ateísmo inmanente de Osho, pues este amenazaba a las religiones establecidas a partir de una teología inmanente donde ese Dios-Otro realmente se encontraba en uno mismo. El ateísmo de Osho se resumía en: tu eres Dios, tu eres ese Otro. Esta íntima cercanía con el Otro hacía del cristianismo evangélico una mera especulación metafísica con visos de ficción. Osho logró instalar un ateísmo en el sentido marxista del término; un ateísmo con respecto a los dioses que legitiman un orden social injusto. De hecho, la opuesta revolucionaria fue la construcción de la Ciudad de Dios, pero no del Dio Otro, sino una comuna donde todos y todas eran Dioses.

viernes, 10 de abril de 2020

El régimen de abstinencia sexual en la pareja


El régimen de abstinencia sexual en la pareja
Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

La histerización sexual en la pareja

En sus estudios sobre la histeria Freud proponía la hipótesis que en una relación matrimonial era el esposo quién propiciaba la histeria en su pareja. Esta aseveración resulta muy interesante para la Sexoenergética Neo-Reichiana, especialmente porque plantea lo que posteriormente Wilhelm Reich denominará como el matrimonio compulsivo y su inherente miseria sexual.

De alguna forma Freud se comporta como un analista social o un antropólogo, pues plantea que la histeria femenina tiene un origen social: el vínculo matrimonial tradicional, y de forma particular, a decir de Reich, en los códigos morales que legitiman un orden simbólico jerárquico dentro de la relación de pareja. Pero aún más, cuando Freud se refiere a la histerización de la mujer en la relación de pareja, su análisis permite especificar la fuente de dicha epidemia psíquica: la frustración sexual. De forma sorpresiva, Freud reconocerá que cuando la represión sexual masculina opera en la relación de pareja este lleva a un vínculo patológico, donde la mujer se ve frustrada en sus necesidades libidinales, viendose en la necesidad de aplazarlas a condición de experimentar una insoportable insatisfacción que bordea la locura.

La histerización de la pareja se define por un estilo vincular masculino basado en la distancia, la frialdad, el control, la falta de pasión, la disminución del erotismo y finalmente la abstención sexual. Mientras tanto, en la cultura machista, patriracal y sexofóbica, el masculino tiene la posibilidad de satisfacer su deseo sexual con otras mujeres u hombres, generando un cerco de pureza sexual alrededor de la pareja femenina, la cual será revestida de virgen, y posteriormente, de madre. El retiro de la energía sexual de la pareja establecerá un suerte de abandono libidinal, una disolución del vínculo erótico-sexual que engendrará un conflicto altamente patológico en la mujer. La locura histérica, que sería una locura sexual, es el síntoma de una patología que se gesta en el seno del modelo de familia.

La función patológica de la moral sexual religiosa

Reich será implacable con respecto al origen familiar de esta locura sexual que se manifiesta en la histeria: la moral sexual religiosa. El operador de dicha moral sexual es el hombre, quién tiene como mandato inconsciente ser garante de la pureza sexual, imponiendo una serie de reglas sexuales a la mujer, y en particular al cuerpo sexuado de la mujer. Esta desexualización del cuerpo femenino lleva necesariamente a una desvalorización de la energía sexual femenina, culminando en su negación. Toda negación de la sexualidad es una negación de la vida pulsante en el propio cuerpo.

Esta desexualización femenina es un requisito para llevar a cabo el proceso de domesticación de las mujeres. Será necesario castrar a las mujeres a través del rechazo sexual para generarles un núcleo de culpa y angustia que disminuya sus capacidades vitales, llevándolas al borde de la enfermedad y la locura.


El amor romántico es la principal forma de engaño operado por los hombres y dirigido a las mujeres para atraparlas en el modo social de disciplinamiento del cuerpo: la familia tradicional. El amor romántico consiste en anteponer el amor al sexo. Aplazar el sexo a través de una serie de mediaciones burocráticas que afiancen primero un vínculo amoroso desexualizado. Quizás la asociación primera con este vínculo desexualizado sea el de los padres y los hermanos. De alguna forma el amor romántico ubica a sus operadores en el lugar del amor filial, más que en el amor erótico. La ruptura de este tabú filial trae consigo la carga culpógena del incesto. Sólo a través del rito del matrimonio la pareja queda exculpada del incesto inconsciente, dando lugar a la legalidad del acto sexual, siempre y cuando sea para la procreación.

Arquitectónica de la energía sexual libidinal


Arquitectónica de la energía sexual libidinal
Por Miguel Ángel Pichardo Reyes

La doble maldición psicoanalítica: etiología y libido

Para Wilhelm Reich el descubrimiento radical de Sigmund Freud no fue el inconsciente, sino la doble maldición psicoanalítica: la etiología sexual de las neurosis y la teoría de la libido sexual. Mientras el movimiento posfreudiano atribuyo la originalidad del descubrimiento freudiano al inconsciente, el mismo Freud se quedo solo con la doble maldición psicoanalítica, ya que la etiología sexual de las neurosis le valió la despectiva acusación de pansexualista, y su teoría de la libido sexual fue múltiplemente interpretada y finalmente abandonada por sus propios discípulos y seguidores. Para Wilhelm Reich esto significo la gran traición de los psicoanalistas al principal descubrimiento freudiano.

El propósito de Wilhelm Reich al iniciar su vinculación con Freud y el movimiento psicoanalítico fue profundizar en este descubrimiento radical que sonaba a escándalo y herejía, pues hurgar en la sexualidad infantil para explicar las psiconeurosis, fue visto como un atrevimiento, pues no existe una aparente relación entre la sexualidad infantil y el contenido manifiesto de las psiconeurosis. El eslabón que permite comprender la conexión entre la sexualidad infantil y las psiconeurosis es la teoría de la libido sexual, esto la postulación que plantea la existencia de una energía sexual que pone en funcionamiento los procesos del aparato psíquico.

Postular la existencia de la libido supuso graves y radicales consecuencias, la primera de ellas es que nuestro aparato psíquico es fundamentalmente sexual, y que éste funciona a través de una energía que a su vez es sexual. De esta forma, toda producción psíquica es sexual más allá de sus contenidos, los cuales pueden ser asexuales, y aún así la materia prima de dichos contenidos es fundamentalmente sexual. La acusación de pansexualismo es cierta, sin embargo no hay que avergonzarse de ello, y tampoco esto debe suponer un reduccionismo. Me parece, muy por el contrario, que el concepto “sexual” es un término que puede dar lugar a equívocos, especialmente porque este significante ya se encuentra fijado por nuestra cultura a un contenido genital asociado con la cópula genital.

Energía sexual, no sexuada

Quizás sea necesario clarificar como es que una energía puede ser sexual. Esto es, la energía no puede estar sexuada, no tiene genitales masculinos o femeninos, la energía no tiene glándulas ni anatomía, simplemente porque la energía no es cuerpo, más bien esta energía da cuerpo, es una energía formativa. ¿Y si la energía no esta sexuada, como es que es una energía sexual? Quizás nos ayude a entender lo sexual de la energía si vemos algunas cualidades sexuales de la energía, tales como: 1) excitación, 2) vinculación, 3) orgasmo, 4) reproducción, 5) placer.

Decimos que la libido es energía sexual porque lleva acabo una excitación en el sistema nervioso, la cual también incluye la excitación genital, así como la excitación erótica en todo el cuerpo. La libido también es sexual porque es una energía que vincula, genera relaciones, cercanía, contacto, interacción, gregarismo. Podemos decir que es una energía erótica, pues atrae los cuerpos, y de este erotismo, de esta atracción del cuerpo con un objeto es que surge el deseo. En ese encuentro piel-a-piel con el otro es como surge el deseo. El deseo es pues ese lazo libidinal que se establece con el objeto para cubrir una necesidad biológica.

La energía sexual es orgásmica. El orgasmo no es exclusivo de la cópula sexual. El orgasmo es el modo en como la vida pulsiona. El orgasmo es el proceso continuo de expansión-contracción que se lleva a cabo en las células y en las vesículas más pequeñas de la vida. La intensidad y ritmo de esa expansión-contracción es lo que define la función orgásmica. De esta forma la energía sexual es orgásmicamente pulsante, llevando a cabo un movimiento hacia cierta dirección para enlazarse con el objeto, para vincularse a través de la excitación. En este enlace que se establece con el objeto se lleva a cabo una transformación, ese vínculo libidinal cambia el estado del sujeto y del objeto, dando lugar a una producción, a una nueva entidad. Esta nueva entidad puede ser una creación biológica, un nueve ser, esto es, la energía sexual libidinal produce nuevas entidades, de tal forma que la energía sexual se expande, produciendo nuevos seres vivientes.

Finalmente, la energía sexual libidinal en esa (1) excitación (2) erótica que (3) pulsiona hacia la (4) re-producción de nuevas organizaciones de vida se orienta hacia el (5) placer, dando lugar al desarrollo y la maduración. El placer permite generar homeostasis, esto es, un punto de equilibrio que permite la utilización de la energía para desarrollar nuevos niveles complejos de organización de la información vital. El placer es un placer vital orientado hacia el desarrollo, la maduración y la autonomía interdependiente. El placer es equilibrio y madurez vital.

La mitología libidinal

La existencia de esta energía sexual libidinal es mitológica, inaugura un nuevo campo simbólico de producción, permitiendo unificar, significar y dar sentido a una experiencia primordial en la sensorialidad de la corporalidad sintiente. Esta mitología ha sido expresada en diferentes culturas con distintos nombres, tratando de significar una experiencia universal que afecta y atraviesa la experiencia subjetiva del cuerpo. Llámese Chi, Ki, Prana, Kundalini, Elan Vital, Aether, Orgón, Energía del Punto Cero, o Energía del Vacío Cuántico, etc. La mitología de la libido permite acceder a esa experiencia vital primordial. La libido es un símbolo que organiza desde el lenguaje una experiencia pre-simbólica, sensorial, sintiente, fisiológica, física, bioquímica.

La mitología energética que ha emergido en diferentes culturas ha propiciado una serie de tecnologías que permiten el acceso a esa experiencia vital fundante. La mitología energética también ha dado lugar a una cosmología, a una espiritualidad, una ascética, una antropología y una ética. La experiencia sensorial de la vida en tanto energía vital libidinal ha sido muy diversa, tan diversa y variada como el número de cuerpos y metabolismos que la han experimentado. Y la experiencia puede variar, desde ser placentera hasta amenazante.

Las experiencias de la energía libidinal que se interpretan como amenazantes tienden a proyectarlas hacia el exterior, interpretando la respuesta vegetativa excitatoria como una entidad externa que irrumpe en la corporalidad. De ahí que la interpretación de esta experiencia haya dado lugar a la creación de fantasmas y demonios que acechan el cuerpo, produciendo angustia o excitación. ¿De que depende esta interpretación? De dos experiencias fundantes que organizan el acceso a esta energía libidinal: el nacimiento y los cuidados maternos. Tanto la angustia producida en el nacimiento debido a complicaciones durante el embarazo o el parto, así como la experiencia disruptiva, amenazante o privativa de un Otro externo que acosa el cuerpo, son experiencias que marcarán la organización energética y la interpretación posterior de esa experiencia.

Estas experiencias fundantes son mitológicas porque darán lugar a un sistema cultural organizado por la interpretación de estas sensaciones energéticas. Ya sea una cultura que se organice para acceder de forma extática a esta experiencia, o una cultura que lleve a cabo una serie de mecanismos de control y defensa en contra de esta experiencia.

Libido y éxtasis orgánico

El concepto de libido que retoma Freud y posteriormente Reich es un mecanismo conceptual del psicoanálisis para acceder a la experiencia extática del inconsciente en el cuerpo energético. Mientras Oriente lleva miles de años accediendo a esta experiencia, en Occidente hemos tratado de defendernos, de sofocar o de escaparnos de esta experiencia vital. Normalmente hemos relegado estas experiencias al campo de la religión, la mística y la espiritualidad.

De esta forma el concepto de energía sexual libidinal va a dar cuenta del campo arqueológico y mitológico de la crianza libidinal, esto es, la forma en como nacimos y en como nos cuidaron en nuestra primera infancia, por ejemplo, en lo que Jacques Lacan denominará el “estadio del espejo” en la formación del yo (je). La crianza es el modo en como el mundo irrumpe dialécticamente en la corporalidad sintiente para inaugurar el deseo que abrirá el camino para la constitución del sujeto.